jueves, 24 de diciembre de 2009




Querida Familia!!
En este tiempo de Navidad que es la mejor medicina para hacer crecer la solidaridad, la paz y la amistad, deja que el buen Dios bendiga tu corazón y se valga de ti, para extender su evangelio, desde tu vida.

Si quieres un año de prosperidad, siembra trigo. Si quieres diez años de prosperidad, siembra árboles frutales. Si quieres una vida de prosperidad, siembra amigos. Te deseo que siembres muchos amigos y amigas en el año…

Cuídate y acuérdate de que por Herencia hay un postulantillo que se acuerda de ti y te aprecia. Abrazos y FELIZ NAVIDAD.
Antonio


25 de diciembre.
Natividad del Señor.


Noche es ésta en la que no hay lugar para la duda ni para las preguntas, sino para ir dejándose embelesar por la grandeza de lo pequeño. Dios se acerca al hombre para que nadie tenga ya que esforzarse para poder estar al mismo lado de Dios. No intentes hacer preguntas al que ya te las ha respondido todas. No busques más al que ya te ha encontrado, pero procura dárselo a conocer a los demás.

El amor todo lo puede. También el descifrar misterios que, de otra manera, quedarían siempre ocultos. Bueno es este conocimiento que llega de la mano de una Luz cargada de las mejores razones para ser recibida: llenarlo todo de paz.

El misterio de Navidad rompe la lógica del que se empeña en cerrar horizontes, porque su mirada no llega a más. Pídele a Dios que te preste, más que sus ojos, la realidad de su Palabra. Es la única que tiene la capacidad de llegar más allá de cuantas limitaciones ponemos los hombres.

Como Dios es Jesús y Jesús es Dios, ya resulta fácil dejarse envolver en el misterio de nuestra fe: Dios se hizo hombre y puso su casa en nuestra calle, la de la humanidad.

Si con Cristo viene la salvación, y por los bienaventurados caminos de la justicia, el trabajo por la paz y la generosidad de la misericordia, a todos los hombres y mujeres de este mundo debe llegar tan ansiado regalo. Nadie está excluido. Todos invitados.

Que cesen las voces de condena y exclusión. Es noche de paz. Y la paz no puede ser, en absoluto, propiedad privada. Porque la paz rompe cualquier limitación para poder instalarse en la casa de todos los pueblos.

Cristo es el Príncipe de la paz. Su reino está metido en las entrañas de todas las geografías y de los sentimientos más nobles de cuantas personas llegan a este mundo.

El cristiano tiene que ser experto en dar esta buena noticia: Dios está cerca, muy cerca. El poder verlo no es una posibilidad. Es obligación.



lunes, 21 de diciembre de 2009

Segundo día, 22 de diciembre:
San José



Saludo inicial:

Se saluda a los presentes con estas u otras palabras similares:
Queremos escuchar hoy lo que el Señor nos quiere decir. Por eso estamos alegres, Dios se acerca a cada uno de nosotros y nos habla al oído. Preparemos nuestros corazones para que sea su voz la que escuchemos, descubriendo su voluntad para nosotros. Comencemos esta celebración en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.


Presentación del personaje del día:

Nos acercaremos en este momento a la figura de José. Seguramente un joven entre unos veinte y veinticinco años, con las ilusiones de casarse con María. Ellos ya estaban comprometidos, así que solamente faltaba esperar un tiempo y llevar adelante los planes como cualquier pareja de su época. Pero las dudas invaden el corazón de José, quien pone sus preocupaciones en las manos del Señor. Dios no se hace esperar, y acude a José; la necesidad es mutua: José desea respuestas sobre lo sucedido y Dios necesita la respuesta de José para poner al Hijo bajo sus cuidados. Escuchemos con mucha atención la siguiente lectura del Evangelio.


Lectura Bíblica (Mt 1, 18-25):

Este fue el principio de Jesucristo: María, su madre, estaba comprometida con José; pero antes de que vivieran juntos, quedó embarazada por obra del Espíritu Santo.
Su esposo, José, pensó despedirla, pero como era un hombre bueno, quiso actuar discretamente para no difamarla.
Mientras lo estaba pensando, el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, descendiente de David, no tengas miedo de llevarte a María, tu esposa, a tu casa; si bien está esperando por obra del Espíritu Santo, tú eres el que pondrás el nombre al hijo que dará a luz. Y lo llamarás Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados».
Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que había dicho el Señor por boca del profeta: La virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel, que significa: Dios-con-nosotros.
Cuando José se despertó, hizo lo que el Ángel del Señor le había ordenado y tomó consigo a su esposa. Y sin que hubieran tenido relaciones, dio a luz un hijo, al que puso por nombre Jesús.
Palabra del Señor.


Meditación:

Hemos escuchado que José era un hombre prudente y justo, por lo que no actuó según su primer impulso sino que prefirió meditar y despedir a María de una manera discreta. Él no desespera y Dios se le manifiesta encargándole cuidar de su hijo. José no tarda en hacer la voluntad del Señor y al despertarse hace cuanto le ha sido ordenado.
En cuanto a mi vida: ¿Actúo con prudencia o me dejo llevar por mi primer impulso, sin pensar y cometiendo actos que en la reflexión posterior me doy cuenta de que fueron injustos? ¿Medito los acontecimientos de mi vida en oración o es una cosa separada de la otra? ¿Cuando descubro lo que debo hacer, me pongo manos a la obra o espero largamente hasta que no tengo más remedio?


Oración final

Tu amor, Padre, ha sido conocido por San José,
hombre justo y padre fiel;
él ha sido de quien Tú quisiste que Jesús aprendiera el amor paterno,
experiencia que luego relacionó contigo hasta decirte ¡Abba! (¡Papá!).
Ayúdanos a ser comprensivos con los demás,
buscando en nuestras relaciones siempre tu justicia,
y danos la capacidad de responderte diligentemente,
así como José lo ha hecho.
Que en el rostro de los niños sin padre
encontremos tu rostro
y asumamos esa tarea de ser padres en el Espíritu Santo.
Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.
Ven a mi lado y mira al recién nacido.

Hijo, ven a mi lado y mira al recién nacido. Pasa adelante y ponte junto a mí y José. Disculpa la incomodidad y el olor de los animales; ya sabes la historia: cómo buscamos por todos sitios y no pudimos encontrar algo mejor en ese momento apresurado del Nacimiento de Jesús. Pero así lo quería Dios; así que, ven, acércate y ponte aquí, junto a mí. ¿Lo ves bien desde ahí? Míralo, es el pequeño Jesús reclinado en ese duro e incómodo pesebre...

Yo quería para Él un lugar cómodo, pero El no quería eso para Sí, por lo que nunca en la vida exigí comodidad para mí. Yo hubiera preferido ahorrarle tantos sufrimientos, pero El no quería una vida fácil, por lo que yo tampoco la pedí para mí, así que ¡imagina la angustia de mi corazón porque mi Hijo ansiaba morir crucificado para salvarte a ti! Era una terrible espada que atravesó mi alma. No, ser la Madre de Dios -porque Dios así lo quiso para mí- no fue fácil entonces ni lo es ahora que velo por ti y todos mis hijos en el mundo, llamándote, cuidándote del pecado y del Maligno y apareciéndome en diversos lugares para recordarte que Dios existe, que Jesús es Dios, que El te ama y por esa misma razón Se hizo hombre, para redimirte.

Ven, hijo e hija de mi corazón, y no pongas atención al frío intenso de la noche y la falta de visitantes y consideraciones que hubo para nosotros. No me preguntes por qué el Señor de señores, Dios y Creador del universo quiso nacer y vivir y morir pobre y humilde, siendo El la Riqueza misma, habiendo podido vivir adorado y servido por todas Sus criaturas, como realmente Se Lo merece. La profundidad del corazón amoroso de Dios es inalcanzable...Este es mi mensaje para ti para esta Navidad, hijo e hija queridos. Haz un espacio para Jesús en tu corazón y saca de ahí todo lo que Le estorba a El. Hazle un pesebre en ti e invítame a que llegue con San José para llevarte en brazos a mi Hijo. Aunque El sea pequeño aún, es mejor así, hijo mío, hija mía, porque así podrá ir creciendo poco a poco en ti, ajustándote a tu velocidad de entrega y a tus limitaciones para una mayor conversión y deseo de santidad en tu vida. Hijo mío, hija mía, que tengas una Navidad feliz, con el amor y paz de Jesús en medio de tu vida y tu familia.

Con mi amor de Madre para ti, María, tu Madre del Cielo, que está siempre contigo.

domingo, 20 de diciembre de 2009



Primer día, 21 de diciembre:
La Virgen María





Presentación del personaje del día:

Hoy vamos a meditar la figura de María. Ella fue la primera en recibir la noticia del nacimiento del Salvador; fue la primera en acoger la palabra en su corazón e interrumpir sus planes por aceptar a Jesús. Escuchemos hoy cómo ella recibió el Verbo de Dios.



Lectura Bíblica. (Lc 1, 26-38):

Al sexto mes el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una joven virgen que estaba comprometida en matrimonio con un hombre llamado José, de la familia de David. La virgen se llamaba María.

Llegó el ángel hasta ella y le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo». María quedó muy conmovida al oír estas palabras, y se preguntaba qué significaría tal saludo.

Pero el ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado el favor de Dios. Concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, al que pondrás el nombre de Jesús. Será grande y justamente será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de su antepasado David; gobernará por siempre al pueblo de Jacob y su reinado no terminará jamás».

María entonces dijo al ángel: «¿Cómo puede ser eso, si yo soy virgen?» Contestó el ángel: «El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el niño santo que nacerá de ti será llamado Hijo de Dios. También tu parienta Isabel está esperando un hijo en su vejez, y aunque no podía tener familia, se encuentra ya en el sexto mes del embarazo. Para Dios, nada es imposible».

Dijo María: «Yo soy la servidora del Señor, hágase en mí tal como has dicho». Después la dejó el ángel.



Palabra del Señor.



Meditación:

En esta lectura se nos presenta a María como aquella que está a la escucha de la palabra, es interpelada por ella y recibe la misión de ser la madre de Dios. Ella, sin embargo, presenta sus dudas al ángel y recibe la prueba de la maternidad de Isabel que demuestra que para Dios nada es imposible. ¿Medito yo diariamente la palabra de Dios? ¿Voy descubriendo la voluntad de Dios para mi vida? ¿Cuáles son las preguntas que me surgen de la escucha de su voluntad? ¿Es mi respuesta un sí abierto a recibir a Jesús en mi vida?



Oración final:


Te damos gracias, Padre, porque en María nos has mostrado la grandeza de tu amor.
Te pedimos que germine en nosotros la pureza de corazón,
y así seamos libres para hacer tu voluntad.
Abre nuestros oídos para que escuchemos tu Palabra,
y que en nuestros labios esté siempre el sí a punto.
Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén.




Cuento de Navidad

Era la noche de Navidad. Un ángel se apareció a una familia rica y le dijo a la dueña de la casa:

- Te traigo una buena noticia: esta noche el Señor Jesús vendrá a visitarte a tu casa.
La señora quedó entusiasmada: Nunca había creído posible que en su casa sucediese este milagro. Trató de preparar una cena excelente para recibir a Jesús. Encargó pollos, conservas y vino.

De repente sonó el timbre. Era una mujer mal vestida, de rostro sufrido, con el vientre hinchado por un embarazo muy adelantado.

- Señora, ¿no tendría algún trabajo para darme? Estoy embarazada y tengo mucha necesidad del trabajo.

-¿Pero esta es hora de molestar? Vuelva otro día, respondió la dueña de la casa. Ahora estoy ocupada con la cena para una importante visita.

Poco después, un hombre, sucio de grasa, llamó a la puerta.

- Señora, mi camión se ha averiado aquí en la esquina. ¿Por casualidad no tendría usted una caja de herramientas que me pueda prestar?

La señora, ocupada como estaba limpiando los vasos de cristal y los platos de porcelana, se irritó mucho:

- ¿Usted piensa que mi casa es un taller mecánico? ¿Dónde se ha visto importunar a la gente así?. Por favor, no ensucie mi entrada con esos pies inmundos.

La anfitriona siguió preparando la cena: abrió latas de caviar, puso champaña en el frigorífico, escogió de la bodega los mejores vinos, preparó unos coctelitos.

Mientras tanto alguien afuera batió las palmas. Será que ahora llega Jesús, pensó ella emocionada y con el corazón acelerado fue a abrir la puerta. Pero no era Jesús. Era un niño harapiento de la calle.

- Señora, deme un plato de comida.

-¿Cómo te voy a dar comida si todavía no hemos cenado? Vuelve mañana, porque esta noche estoy muy atareada.

Al final, la cena estaba ya lista. Toda la familia emocionada esperaba la ilustre visita. Sin embargo, pasaban las horas y Jesús no parecía. Cansados de esperar empezaron a tomar los coctelitos, que al poco tiempo comenzaron a hacer efecto en los estómagos vacíos y el sueño hizo olvidar los pollos y los platos preparados.

A la mañana siguiente, al despertar, la señora se encontró, con gran espanto frente a un ángel.

- ¿Un ángel puede mentir? Gritó ella. Lo preparé todo con esmero, aguardé toda la noche y Jesús no apareció. ¿Por qué me hizo esta broma?

- No fui yo quien mentí, fue usted la que no tuvo ojos para ver, dijo el ángel. Jesús estuvo aquí tres veces, en la persona de la mujer embarazada, en la persona del camionero y en el niño hambriento. Pero usted no fue capaz de reconocerlo y de acogerlo.