sábado, 23 de enero de 2010

En el I Aniversario de la desaparición y posterior asesinato de la joven sevillana Marta del Castillo.




Carcaño: basta ya



Ya está bien, Carcaño, hombre, ya está bien. No juegues más con esa familia, con la Policía, con los jueces, con una ciudad, con todo el mundo. Ya está bien, Carcaño, tío. Has tenido frialdad para contar con pelos y señales todas las perrerías que hicisteis con la chica, y no contento, esas perrerías las fuiste cambiando en función de tus antojos, de tu estrategia. Primero, la versión del cenicero, la discusión, el golpe seco, la llamada al amigo, el coche, la manta, el río… Tuviste más de un mes a muchos hombres buscando el cadáver de Marta en el río, un río que apretaría con sus frías aguas como una atadura de hielo. Y nada. Y tú tan tranquilo en tu celda, luciendo modelitos de ropa de marca en cada comparecencia judicial. Después saliste con la historia del cable, la violación entre dos, y señalaste un contenedor y una silla de ruedas, y cuando el verano se encanallaba sobre Sevilla, consentiste que cientos de personas rebuscaran en una montaña de basuras, que habría que ver lo que tragaron en aquel monte pestilente. Y tú tan feliz en tu celda, sin pasar ni frío en invierno ni calor en verano, sin tener que trabajar, sin haberte metido en las heladas aguas del Guadalquivir y sin escarbar en el basurero. Tú te has limitado —sigues limitándote— a señalar sitios, como quien juega a un macabro escondite. Y cuando se ve que te aburres de señalar sitios, cuando ya no sabes qué decir, pides que te dejen a solas con una chica que acepta tener relaciones contigo —que también son ganas por parte de la chica—, y cuando esa petición te la deniegan, sales diciéndole a tu abogado que no sabes dónde está el cadáver de Marta. Carcaño, hombre, ¿no te parece ya esto un recochineo que despierta en nosotros unas ganitas enormes de hartarte de algo, y no de dulces, precisamente? Yo podría creer en la posibilidad de tu inocencia, si desde el principio lo hubieses negado todo.


Pero has caminado —funambulista de la mentira— sobre un charco de fango y sangre, y has acabado rebozado de culpa, porque, como ya te dije un día, aunque no hubieses tenido nada que ver con el crimen, todo lo que has inventado tiene cuerpo de delito gordísimo. Así que o cállate de una puta vez o de una puta vez di la verdad, pero no juegues más con esa familia, no te regocijes en la llaga abierta, abriéndola más cuanto más dices. Ya está bien, Carcaño, que llevas un año matando a esa chiquilla.


No hay comentarios:

Publicar un comentario